María, ¿madre de Che?
Jesús de Nazaret en un Contexto Revolucionario

Joshua Paul Smith
14 de Noviembre, 2008
Cuando primero empecé pensar en ofrecer esta charla, tenía la figura de Che Guevara muy en mente. Para los que no le conocen, Che Guevara era un revolucionario Argentino que tuvo un papel esencial en la revolución Cubana y murió intentando provocar otra revolución en Bolivia. No es que he estudiado mucho la persona de Che, pero mi interés fue despertado al ver la película Che el Argentina en el cine Golem Baiona hace algunos meses. Estoy seguro que una buena parte de ella fue propaganda pura, pero la verdad es que me quedé impresionado por la persona del Che. O quizás no fue tanto la persona del Che y fue más esta imagen tan poderosa de luchar para algo más grande que uno mismo, de luchar para la justicia, para la paz, para crear un mundo mejor. La verdad es que desde mi juventud he tenido este deseo empujándome desde adentro, el deseo de cambiar el mundo y hacerlo diferente.
Y esto me ha llevado a dos preguntas fundamentales. Primero, ¿Qué tipo de mundo deseamos construir? Y segundo, ¿Cómo se hace? Me imagino que la mayoría de nosotros deseamos un mundo de justicia, un mundo de paz, dónde los países no se enfrentan con armas y los vecinos no se denuncian mutuamente, un mundo en que podemos vivir sin miedo tanto económicamente como políticamente, un mundo en que los maridos no maltratan a sus mujeres y los hijos no maltratan a sus padres. El mundo que yo NO quiero ver es el mundo en que mi amiga Miriam está mal pagada por dos años en su trabajo y cuando intenta reclamar la situación el asesor admite que es ilegal pero argumenta con toda tranquilidad y con toda la razón que todos lo hacen así (y aún más si eres inmigrante) – y me da igual si perteneces a un sindicato. Vivimos en tiempos de conflicto porque vivimos en tiempos de injusticia.
Entonces nos preguntamos ¿Qué hacemos para cambiar las cosas? Y justo allí encontramos la polémica, allí encontramos un mundo lleno de nuevos conflictos. Algunos intentan cambiar el mundo por medio de la política, confiando en que los Zapateros y Rajoys y Obamas pueden de verdad cambiar las cosas. Otros intentan cambiar el mundo por medio de los ONGs y sus programas sociales. Otros por medio de la religión y la esperanza de un mundo mejor en el más allá. Otros por el nacionalismo, convencidos que cuando tengan su propio país cien por cien catalán o vasco, que todo cambiará. Otros escriben libros, hacen reportajes o incluso ponen una coche-bomba en medio de la universidad de Navarra. Otros cierran la puerta de sus casas e intentan mantenerse al margen de los conflictos, y así proteger a los suyos. Y todavía nos queda la opción del Che, cambiar el sistema político por otro, por medio de una revolución armada.
Y aquí empezamos con la persona de Jesús de Nazaret. Hoy en día cuando la gente piensa en Jesús – y piensa muy poco en El – piensa en una figura religiosa, que tiene que ver la iglesia, con la religión, quizás con la vida del más allá, pero que tiene poco que ver con la historia y con el mundo de hoy, y que no tiene nada que ver con alguien como Che el Argentino.
Esta tarde quiero intentar cambiar esta idea. Quiero demostrar que Jesús de Nazaret – la persona histórica de Jesús – nació, se crió, y murió en un contexto conflictivo y revolucionario, un contexto no tan diferente que el nuestro. Y que durante su vida Jesús tenía todas las mismas opciones que tenemos nosotros, pero que eligió un camino totalmente diferente. Y no fue un camino menos revolucionario, sino más. Jesús intentó cambiar el mundo en una forma tan revolucionaria y desesperada que ni Che pudo haberlo imaginado. Y estoy convencido que esta revolución de Jesús sigue hoy en día como una opción más que legítima para enfrentar la injusticia y cambiar el mundo de verdad.
Así que esta tarde tengo 3 propósitos, aunque va a ser difícil cumplirlos todos.
- Quiero examinar el contexto revolucionario en el cual Jesús se crió y en que vivió, enfatizando en particular los varios movimientos revolucionarios y políticos de la época. (y espero que sea más interesante y divertido que suena).
- Quiero examinar cómo Jesús respondió a este contexto revolucionario, y porque su respuesta fue tan chocante para el mundo en que vivió.
- Quiero examinar que significa todo eso para las personas y comunidades actuales que pretenden seguir a Jesús de Nazaret en una forma auténtica y coherente, ofreciendo yo algunas propuestas específicas y quizás un poco controvertidas.
Primero: el contexto histórico y revolucionario de Jesús.
Jesús se crió en Israel; era un Judío. Pues Israel había tenido una larga y controvertida historia desde su principio, pero pocas veces había estado tan desesperado como se encontraba durante la época de Jesús. Un poco de historia: Más o menos en el quinto siglo antes de Cristo Israel había sido vencido y su población expulsado de su tierra por los Babilonios. Poco a poco regresaron hasta que siglos después una familia Judía – los Macabeos – decidió luchar contra la ocupación y consiguió ganar la libertad y autonomía de la nación – pero solo por un tiempo. Esta historia se puede leer en Primero de Macabeos, un libro nunca aceptado como escritura por los judíos, pero de mucho valor histórico. Años después, debido a sus propios conflictos internos, Israel perdió su autonomía y se encontró bajo el dominio y la opresión del Imperio Romano. Pero la gente no se había olvidado del tiempo de libertad que había conseguido la revolución Macabea. Tampoco se habían olvidado de las promesas proféticas de la venida de un rey, el hijo de David, que libraría la nación y conquistaría a sus enemigos. Esta fue la situación que existía todavía cuando nació Jesús de Nazaret en Belén.
Tanto por razones históricas como religiosas, la dominación romana fue particularmente humillante y conflictiva para el pueblo Judío. Roma intentaba imponer su propia cultura por encima de las culturas locales – lo que llamamos la helenización del imperio. Quizás algunos vascos que vivieron bajo Franco entiendan como sería una situación así. Israel se definió por su cultura, por su Ley dada por Dios, por su historia única, por sus escrituras proféticas. Desde una perspectiva histórica y nacional, aceptar la cultura Romana o mezclar las dos culturas significaría la muerte de Israel como una nación distintiva. Desde una perspectiva religiosa sería nada menos que una blasfemia intentar hacerlo. Aún más provocador fue el hecho de que el César, el rey Romano se consideraba un dios vivo y fue adorado así por todo el Imperio como muestra de su fidelidad política. Eso fue totalmente inaceptable para una nación como Israel que se definía por el monoteísmo, la creencia en un único Dios, y por eso Israel siempre fue visto con sospecha por los Romanos.
Los Judíos, por su parte, odiaban a los Romanos. Pero, ¿Qué pudieron hacer? El imperio dominaba la población con impuestos pesados e injustos, constantemente provocaba a los Judíos con sus blasfemias e indignidades, y diligentemente les vigilaba con miles de soldados listos para acabar con cualquier acto real o imaginado de rebeldía o revolución.
Algunos pocos judíos – como los recaudadores de impuestos – colaboraron con Roma para sacar dinero del pueblo y por eso fueron considerados traidores del pueblo. Los Saduceos – que encontramos en los textos bíblicos – no fueron cien por cien traidores pero sí se aprovecharon de la situación, manteniendo su posición de poder e influencia a cambio de dejar que los romanos se metieran en la vida religiosa de la nación en formas previamente inimaginables, hasta permitirles elegir el sumo sacerdote judío.
Algunos – los conocidos Fariseos – fueron respetados por el pueblo como los maestros y defensores del patrimonio religioso y tradicional de los Judíos. Enfatizaban la resistencia por medio del compromiso a la ley de Moisés y las tradiciones de los ancianos. Según ellos, un buen Judío se mantuvo aparte de la blasfemia romana por observar las tradiciones externas del Judaísmo como el día de reposo, la dieta Judía, la circuncisión y – en el contexto de Jerusalén – la fidelidad al templo Judío. También enseñaban a la gente la esperanza de un rey prometido, el hijo de David, quien vendría y salvaría a su pueblo, matando a los paganos y machacando a los Romanos – estilo Macabeo.
Hubo otro grupo curioso que rechazaba tanto los Romanos como la mayoría de los Judíos como infieles. Este grupo se llamaba los Esenios. Si habéis oído de los Rollos del Mar Muerto, vienen de este grupo. Ellos se apartaron de las ciudades y eligieron vivir en comunidades en el desierto. Pero no fue un grupo pacífico. Estaban esperando el mesías, el rey prometido, y preparándose para luchar con El contra los Romanos y los infieles al debido tiempo, listos para la guerra.
La mayoría de la población Israelí no pertenecía a ninguno de estos grupos. La mayoría, las personas comunes, se quedaron en Israel, sufriendo bajo una pobreza bestial, soportando la humillación diaria de vivir bajo la opresión cultural, religiosa, política y económica del imperio romano y aguantando la realidad de que su propio liderazgo estaba colaborando estrechamente con ello.
Los movimientos revolucionarios más importantes salieron de este grupo – de la gente común – y lo que esperaban fue bastante claro. Como los fariseos y esenios, las multitudes estaban esperando el Rey prometido quien iba a liberar al pueblo y acabar con los odiados romanos. Y estaban desesperados.
Este tipo de desesperación – unida con las expectativas mesiánicas del pueblo – produjo varios movimientos populares y revolucionarios. Josefo, un historiador judío del primer siglo, cuenta las historias de varios movimientos revolucionarios – y las historias son similares. Casi siempre, un líder surgiría y guiaría a una multitud de judíos al desierto – a veces con armas y a veces sin armas – donde esperaban ver una manifestación de Dios que acabaría con los romanos. Algunos tuvieron planes de luchar contra los Romanos y otros estaban esperando ver un milagro, pero los Romanos les respondieron por igual. Enviaron su ejército al desierto donde machacó a los revolucionarios con una violencia bestial. Uno de los revolucionarios judíos se llamaba Teudas. Los Romanos le mató, cortaron la cabeza, y la colgaron en un lugar público en Jerusalén el capital para amenazar y desanimar al pueblo Judío.
Otro grupo revolucionario funcionaba más como funciona ETA hoy en día, asesinando a los romanos y a los políticos judíos que colaboraron con ellos. Se llamaron los Sicari, o los Sicarios. Curiosamente, hoy en día los asesinos profesionales en lugares como Colombia utilizan este mismo nombre.
Sin embargo, los revolucionarios más importantes fueron los Zelotas, llamados así por su celo por la ley de Israel y por su nación. Ellos eran los auténticos revolucionarios, y en los años 60 del primer siglo – más o menos 30 años después de la muerte de Jesús – los Zelotas empezaron una revolución popular que se convirtió en la primera guerra Judía contra los romanos.
Como hemos visto, el mundo de Jesús fue un mundo lleno de pobreza, opresión y conflicto – un contexto revolucionario.
SEGUNDO: Ahora quiero examinar cómo Jesús respondió a este contexto revolucionario, y porque su respuesta fue tan chocante para el mundo en que vivió.
Muchos creen que Jesús no tuvo nada que ver con la política de su época, que fue simplemente un maestro religioso o quizás un profeta moral. Pero históricamente esta idea es totalmente equivocada.
¿Conocéis la razón oficial por la cual Jesús fue crucificado? Se encontraba en el cartel puesto justo por encima de su cabeza. “Jesús, Rey de los Judíos.” Aunque no es toda la historia, oficialmente Jesús fue crucificado por los Romanos por pretender ser el Rey de Israel, es decir, por ponerse en contra del Imperio Romano y de su único rey, el César divino. Jesús fue crucificado por ser un rey revolucionario.
Pero no fue un revolucionario como los demás. Esto es muy claro si contrastamos a Jesús con los otros movimientos políticos y revolucionarios de su época.
- No era como Los Saduceos. Jesús nunca aceptó ningún compromiso con los romanos, aún cuando su propia vida estaba en peligro.
- Los Fariseos se hicieron maestros y defensores de la tradición Judia, pero Jesús reservó algunas de sus críticas más severas para ellos, rechazando la hipocresía y el orgullo de su religiosidad externa, de sus tradiciones humanas y de su falta de comprender el corazón y la compasión de Dios.
- Los Esenios se apartaron de los pecadores, pero Jesús vino para estar con ellos, aceptó su amistad, comió con ellos, hasta que invitó a un recaudador de impuestos, un traidor del pueblo, para ser miembro de su círculo más íntimo de apóstoles: Mateo, el evangelista. Fue Jesús mismo quien dijo, “Los que están sanos no tienen necesidad de un médico, sino los que están enfermos; no he venido para llamar a los justos, sino a pecadores.” (Marcos 2.17) Por esa misma razón los líderes religiosos como los Fariseos acusaron a Jesús de ser amigo de pecadores, porque lo era.
- Los Zelotas y Sicarios fomentaban la insurrección y la revolución armada, pero Jesús no eligió este camino. Jesús reconoció que uno no se puede cambiar el mundo de verdad y a la vez utilizar los propios medios de poder del mundo para hacerlo – en este caso la espada, la violencia. La noche en que fue arrestado, Jesús lo dijo claro, “Vuelve tu espada a su sitio, porque todos los que tomen la espada a espada perecerán” (Mateo 26.52), una lección que creo que el Che aprendió un poco tarde en la selva de Bolivia.
- Los movimientos populares en el desierto buscaban la manifestación y salvación de Dios en el desierto. Pero Jesús no, porque Jesús creía que la salvación de Dios ya había sido manifestado – en si mismo, el rey prometido. Por eso él mismo apareció en el desierto en el momento de su bautismo, y por eso anunció el mismo mensaje a todos los pueblos de Israel: “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos y creed en el evangelio” (Marcos 1.15). ¿Cómo era el evangelio que predicaba Jesús? “El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado.” ¿Cómo? En la persona del rey, en la persona de Jesús
¿Entonces Jesús se creía un rey político? Claro que sí. Jesús se creía un rey, y más que un rey. No estaba simplemente viajando por Israel para animar al pueblo a ser más amable el uno con el otro, estaba anunciando un cambio de régimen, y el cumplimiento de una promesa muy antigua. El rey prometido había venido, y llamaba a su pueblo a dejar al lado todas sus esperanzas y expectativas y deseos equivocados y unirse con Él, es decir, arrepentirse y creer el evangelio. Estaba llamando a la gente a la lealtad, y a los leales estaba prometiendo la libertad auténtica, que nadie se podía quitar, ni el imperio romano ni la muerte misma.
Y en un sentido la gente entendía lo que quería decir. Por eso miles de personas empezaron seguirle.
Los ciegos le llamaban Hijo de David, un término claramente mesiánico. En Juan 6.15 dice que las multitudes “iban a venir y llevárselo por la fuerza para hacerle rey.” Y durante la entrada triunfal, el pueblo regocijaba en su venida a Jerusalén. Los textos dicen “la mayoría de la multitud tendió sus mantos en el camino; otros cortaban ramas de los árboles y las tendían por el camino . . . y que iban delante de Jesús y detrás de Jesús gritando “”Hijo de David, Bendito el que viene en el nombre del Señor!” (Mateo 21.8-9, etc.)
El pueblo estaba dando la bienvenida a su Rey.
Aquí es importante pararnos un momentico y acordarnos de que los romanos solían matar a los revolucionarios judíos inmediatamente sin piedad, colgando sus cabezas por un árbol o – incluso más común – colgando sus cuerpos en una cruz. Por eso, en público Jesús solía tener mucho cuidado a la hora de hablar de su identidad como rey para no provocar la ira de los Romanos antes de su debido tiempo. Por la misma razón tuvo cuidado a la hora de hablar de su identidad divina. Pero no es decir que no habló claramente. Como Jesús solía decir, “Los que tengan oídos para oír, que oigan.” (Marcos 4.9, etc.)
El pueblo había oído suficientemente bien para comprender que Jesús pretendía ser el rey de Israel, pero no estaban dispuestos a escuchar todo lo que decía. Querían seguir a Jesús, pero querían hacerlo a su manera. ¿Alguna vez te has preguntado por qué en el principio Jesús tenía miles de seguidores, pero al final solo se rodeaba por algunos pocos?
Ellos querían un rey que iba a vencer a los romanos, que iba a luchar contra la opresión y establecer la justicia con la espada, pero Jesús no era el tipo de rey que esperaban, que querían. Por eso, cuando tuvieron que elegir, eligieron el camino del Che, el camino de la revolución armada.
¿Os acordáis de lo que pasó a Jesús después de ser arrestado? Pilato ofreció dejar en libertad o Jesús o Barrabas, y el pueblo tuvo que elegir. Lo que no sabían era que en este momento Israel estaba eligiendo su propio futuro. Dos veces Lucas el evangelista dice que Barrabas “había sido echado en la cárcel por una insurrección en la ciudad, y por homicidio.” (Lucas 23.19, 25). Es decir que era un revolucionario. El pueblo estaba eligiendo entre el camino de Jesús y el camino de Barrabas, entre el camino del evangelio y el camino de la revolución armada. Y todos sabemos quien el pueblo eligió. Lo que no todos saben es que solo 40 años después Israel se levantó contra los Romanos en una rebelión armada e Israel fue totalmente destruido por ellos, dejando de existir como nación por dos mil años, hasta el siglo pasado.
Entonces, Jesús se creía rey, pero no estaba dispuesto a luchar contra los romanos, Entonces . . . ¿qué pretendía hacer?
Básicamente, Jesús estaba haciendo tres cosas.
- 1. Jesús estaba ofreciendo al mundo un vistazo del reino de Dios, un reino que según Jesús no solo existiría en el corazón humano en un sentido espiritual y místico, sino que sería un reino de verdad, la promesa de un mundo nuevo y renovado. Ofreció este vistazo del reino de Dios en dos formas.
- Primero, lo hizo por sus hechos y por su poder. En su vida Jesús estaba deshaciendo los poderes del mal, venciendo la enfermedad, la marginación, a los demonios, la culpa, el pecado, hasta la muerte misma, demostrando en su lugar en mundo caracterizado por la reconciliación, la salud, la paz, la vida eterna, el amor, la fe, la justicia, la santidad y el perdón.
- Jesús también ofreció un vistazo de Su reino por medio de sus palabras. No hay tiempo aquí para hablar de todo lo que dijo, pero es suficiente mencionar los dos mandamientos más importantes, y las bienaventuranzas.
- Para Jesús, el mandamiento más importante fue de amar al Dios único con todo nuestro ser. El segundo fue de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Hoy en día enfatizamos teóricamente el segundo pero ignoramos el primero, pero para Jesús uno solo puede amar a su prójimo de verdad si primero está amando y honrando a Dios como El merece.
- Las bienaventuranzas también resumen bastante bien como Jesús entendió el carácter de su propio reino, dejando claro que su reino implicaría la inversión del sistema mundial que conocemos hoy en día. En su reino son los humildes ante Dios, los que reconocen su necesidad que serán dichosos, bendecidos, felices, que disfrutarán de la riqueza eterna del Dios Creador. Pero incluso aquí Jesús no está hablando de una especie de socialismo. Solo se puede entender las bienaventuranzas en vista de la importancia y prioridad de Jesús como Rey. Las bienaventuranzas terminan con las siguientes palabras de Jesús: “Bienaventurados seréis cuando os insulten y persigan, y digan todo género de mal contra vosotros falsamente, POR CAUSA DE MI. Regocijaos y alegraos, porque vuestra recompensa en los cielos es grande . . . .” (Mateo 5.11-12). Según Jesús, su reino sería la inversión del sistema actual, pero sería invertido necesariamente y exclusivamente por medio de Jesús y sería disfrutado por los que confían en él, pase lo que pase, y cueste lo que cueste, como dice Jesús “por causa de mí”.
(PRIMERO, Jesús estaba ofreciendo al mundo un vistazo del reino de Dios)
- 2. Jesús estaba formando una nueva comunidad, o para decirlo en términos políticos, estaba organizando una bandilla de revolucionarios preparados e enviados a cambiar el mundo por medio de las buenas noticias de su reino. Está claro que Jesús no pretendía establecer su reino en su totalidad en aquello momento. Estaba formando una comunidad, o mejor dicho, una red de comunidades que testificarían al mundo del poder y de la esperanza de su reino, el mensaje que nosotros llamamos el evangelio. Pero no lo harían por medio del poder político, militar, económico o institucional, sino por medio de la vida misma de la comunidad, una vida caracterizada por la presencia de Su Espíritu, por la verdad, por el amor mutuo, y por la debilidad.
- La promesa de Jesús de la venida del Espíritu de Dios fue una pieza esencial para su plan. Para Jesús, fue por medio de su Espíritu que sus seguidores serían transformados desde adentro, fue por medio de su Espíritu que sus comunidades serían caracterizadas por el amor, el gozo, la paz, la paciencia, la bondad, la humildad y el dominio propio – y fue por medio de esta vida comunitaria transformada que su pueblo podría testificar al mundo del poder del evangelio y demostrar que otro mundo es posible.
- Jesús mismo dijo a sus seguidores “En esto conocerán todos que sois mis discípulos,”-- no dice por su poder económico, militar o institucional, sino -- “si os tenéis amor los unos a los otros.” (Juan 13.35)
- Hoy en día todo el mundo relaciona el poder con la legitimidad. Nos gusta negarlo pero es cierto. Un grupo – particularmente un grupo “religioso” – que no tiene su propio local, que no tiene muchos miembros, y que no tiene una estructura bien desarrollada se ve por la sociedad como impotente e ilegítimo. Pues bienvenido al movimiento de Jesús. Jesús dijo que su reino sería como un granito de mostaza. Parecería impotente, débil, ilegítima, pero a fin de cuentas, llenaría el mundo con su gloria.
- La iglesia primitiva empezó con pescadores y traidores, con hombres y mujeres comunes, se reunían por más de dos siglos en casas, cuevas y bosques y poco a poco cambiaron el mundo, no por el poder humano, sino por la intensidad de su fe, por su fidelidad a la verdad, por la coherencia de su vida comunitaria, y por la autenticidad de su amor, tanto para sus hermanos como para sus enemigos. Eso fue el plan de Jesús.
(Primero, Jesús estaba ofreciendo al mundo un vistazo del reino de Dios)
(Segundo, Jesús estaba formando una nueva comunidad)
- 3. Jesús estaba haciendo posible un nuevo mundo. Casi todos los movimientos revolucionarios del primer siglo pensaban que el enemigo de Israel era un enemigo externo. Sin embargo Jesús sabía que uno podría acabar con los Romanos y seguir todas las tradiciones religiosas externas sin cambiar el mundo de verdad. Porque el mal que corrompe el mundo, el gran enemigo, no se encuentra en lo exterior, sino en el interior del corazón humano. Como el rey prometido, Jesús vino para acabar con el enemigo real, el pecado que domina y esclaviza el corazón humano. Como dijo Jesús: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, la inmoralidad sexual, los robos, los falsos testimonios y las calumnias” (Mateo 15.19) y “En verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado” (Juan 8.34).
Un mundo nuevo no es posible si el mundo sigue esclavizado y dominado por la maldad, pero lo complicado es que – según Jesús – la maldad viene de nosotros. Es clarísimo que Jesús reconoció con mucha compasión que somos víctimas de la maldad, pero también reconoce Jesús que somos siervos de la maldad. Somos víctimas y a la vez somos agresores. Cuando deseamos la justicia estamos deseando que Dios acabe con el mal, pero esto implicaría que Dios tendría que acabar con nosotros también, porque la maldad llevamos adentro. ¡Qué círculo más vicioso!
¿La solución? Un rey es capaz de representar a su pueblo. En una democracia nos cuesta comprender esta idea, pero es así incluso hoy en día. Cuando el Rey Juan Carlos dice “que se calle” lo dice como representante de toda España, te guste o no.
Jesús se consideraba un rey, y no solo el rey de Israel, sino el rey legítimo del mundo entero. Y como el rey del mundo, Jesús decidió identificarse con toda la humanidad, tanto el Judío como el Romano, representándonos en una forma que nadie esperaba. Su estrategia nunca fue de luchar contra la maldad con escudo y espada, sino de voluntariamente entregarse a ella en humillación y sacrificio. Como nuestro representante Jesús se ofreció a si mismo en la cruz, cargando sobre si mismo toda nuestra maldad y recibiendo el castigo divino que nosotros merecemos por ella, es decir, “aun siendo pecadores, Jesús murió por nosotros.” (Romanos 5.8). Jesús mismo explica que no “vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.” (Marcos 10.45). Pedro lo explica así: “Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios . . . .” (1 Pedro 3.18)
Los revolucionarios matan a sus enemigos, Jesús decidió morir por ellos. Pero no fue suficiente simplemente morir por sus pecados; el último poder del mal se encontraba en la muerte. Así que Jesús entró en ella y desde adentro derrotó su poder – el poder de la muerte – una vez y para siempre por medio la resurrección.
Si Jesús representó a la humanidad en su muerte cuanto más quiere representar a la humanidad en su resurrección física, ofreciendo vida incorruptible a todos los que confían en él como el rey resucitado. Y así Jesús ha hecho posible un nuevo mundo. “El reino de Dios se ha acercado. Arrepentíos y creed el evangelio.”
Entonces, hemos visto que Jesús vivió durante un tiempo conflictivo y revolucionario y que Jesús ofreció su propio camino de revolución.
TERCERO: Pero, “¿Qué significa todo eso para las personas y comunidades actuales que pretenden seguir a Jesús de Nazaret en una forma auténtica y coherente?”
En parte, voy a dejar que vosotros contestáis esta pregunta durante el tiempo de preguntas y reflexiones. Pero sí, brevemente quiero proponer 5 cosas – muy breves.
- Las comunidades cristianas deben tener mucho cuidado a la hora de unirse con los varios movimientos revolucionarios y políticos del mundo. Todavía los Saduceos, Fariseos, Romanos, Esenios, y Zelotas se encuentran en medio de nosotros, sutilmente tentándonos a dejar el camino de Jesús por otro. Pero uno no se puede seguir a Jesús y a Barrabas. Tenemos que decidir.
- La legitimidad de las comunidades cristianas no puede depender de su relación con los poderes y las estructuras que dominan nuestro mundo. Ni el tamaño de su local ni el tamaño de su cuenta bancaria las hace legítimas. Su legitimidad viene totalmente y exclusivamente de su fidelidad a la persona y el mensaje de Jesús y de la autenticidad de su vida comunitaria.
- Si el evangelio va a cambiar el mundo, tiene que hacerlo desde abajo y no desde arriba. Está muy, muy bien formar parte de una ONG, pero Jesús nos llama a una obra incluso más radical y más difícil. Nos llama a amar a nuestro prójimo, a cuidar de sus necesidades, a perdonar sus ofensas – en el día a día. No tenemos que plantar un árbol enorme, es suficiente llenar el mundo con granitos de mostaza, con comunidades pequeñas caracterizadas por el amor, la verdad, y el poder transformador de un rey crucificado.
- Esta charla ha enfatizado bastante el contexto histórico de Jesús. Porque Jesús era una persona histórica. Su vida, su muerte, hasta su resurrección – son principalmente cuestiones históricas, no religiosas. Podemos seguir a Jesús o rechazar a Jesús, pero debemos seguirle o rechazarle en vista de quien era. Y solo sabemos quién era por medio de los libros históricos de su época, es decir, por medio de las Escrituras. 80 por ciento de los españoles se consideran cristianos, pero el mismo porcentaje – 80 por ciento – admiten que nunca leen la Biblia. Puedes seguir el Jesús de la tradición, o el Jesús de Ghandi, o el Jesús de los teólogos liberales, o mezclarlos todos, pero hacerlo así es tratarle como si fuese el Papa Noel, o el Olentzero. Jesús no puede ser quien queramos. Era una persona histórica y debemos aceptarle o rechazarle en vista de quien era de verdad.
- Por último, quiero ofrecer una propuesta muy práctica, aunque quizás un poco controvertida. Muchas veces charlas como esta se quedan en lo teórico, y yo no estoy muy contento dejarlo así. De hecho, el enfoque de mi tesis doctoral es la formación de comunidades cristianas que se reúnen en hogares como un modelo alternativo de vivir la fe cristiana, algo muy práctico. Así que yo y algunos pocos otros queremos tomar en serio el mensaje de esta charla y estamos intentando formar algunas comunidades cristianas que viven en una forma coherente con ella. Así que, empezando el viernes que viene, nos vamos a quedar todos los viernes a las 20.15 de la tarde en mi piso para estudiar y dialogar sobre la vida de Jesús en el evangelio de Lucas. No será una charla como esta sino un diálogo interactivo y abierto en que intentamos conocer al Jesús histórico, y seguirle en una forma coherente. No será gran cosa, pero esperamos que sea un grano de mostaza más. Si alguien tenga interés, puedes hablar conmigo después o expresar tu interés en una de las hojas en la mesa. Vivo en Avenida de Eulza 38, 3D. Todos estáis invitados, y si tienes hijos tendremos algo más o menos preparados para ellos también. Yo si quieres empezar tu propio grupo así con algunos amigos, te animo hacerlo y estoy muy dispuesto a ayudarte en lo que puedo.